Ucides occidentalis, popularmente conocido como el cangrejo rojo del manglar, ha sido desde siempre uno de los manjares predilectos de los guayaquileños. Mucho antes de la conquista española (1526) los habitantes prehispánicos de la isla Puná y del golfo de Guayaquil se alimentaban de toda clase de mariscos, uno de ellos este famoso crustáceo.
Desde hace 9.000 años las culturas aborigenes de Sichos y Las Vegas, ubicadas en el Golfo de Guayaquil; ya explotaban el manglar al recolectar peces, moluscos y crustaceos.
El historiador Rodolfo Pérez Pimentel relata que en un principio nuestros ancestros comían los mariscos con sal y ají, luego con la llegada de los españoles su preparación varió una vez que ingresaron ingredientes como la cebolla y el limón.
En 1950 comer cangrejos se convirtió en una costumbre popular que reunía a toda la familia, ya se conocian cangrejadas nocturnas en los hogares guayaquileños entre familiares y amigos. Así lo describe la historiadora Jenny Estrada en su libro de crónicas costumbristas ‘Del Tiempo de la Yapa’. “De las casas se los llamaba (a los vendedores) y ellos se acercaban a los zaguanes para dejarnos escoger los mejores atados. Era difícil la tarea, porque entonces todos los atados eran buenos y su costo no rebasaba los cinco sucres”.
El cangrejo se comercializa vivo, ya que una vez muerto se deteriora con rapidez. Para comprobar que están vivos basta con tocarlos y observar que se mueven. También se pueden encontrar cangrejos cocidos y congelados o carne de cangrejo en conserva. Se pueden preparar cocidos, al vapor, fritos..., se emplean como ingrediente de diversas preparaciones culinarias y también sustituyen al bogavante y otros crustáceos marinos en gran parte de las recetas en las que estos participan.

